Necesita en este tiempo mi espíritu indicios de otoño, retazos de nostalgia que me embarguen y me inviten a recuerdos pasados.
Se hace de rogar este otoño; perezoso remolonea en brazos de un verano que no termina de escapar.
Yo añoro las brumas.
Lo Más Real De Cada Día
Que gran vacío queda cuando se escapan los sueños, cuando se deslizan sigilosamente por esa ventana de la que descuidadamente has dejado abierta una rendija.
Salen volando, subiendo a lo más alto cual cometa en días de viento, arrastrando consigo jolgorios y risas infantiles.
Se van, se elevan, se escapan…dejando una oquedad opaca que pasa a ocupar su lugar.
Que triste es que se escapen los sueños.
Todavía puedo ver esos rizos cayendo insinuantes sobre tu frente. Rizos adolescentes, inocentes aún de deseos y lujurias.
("Silueta del árbol y del cielo" - David David)
Hoy he visto abierta una pequeña rendija en la historia de estas vidas, tras la cual se percibía una cierta complicidad mucho tiempo perdida.
A través de ella he presentido, tal vez, un atisbo de regreso de esa luz, tanto tiempo caminando hacia la lejanía.
Hoy he comprendido que nada muere definitivamente.
O que quizás, morir es empezar a nacer de nuevo.
Siento que algo me ocurre. No podría decir a ciencia cierta qué es, pero una fuerza parece querer estallarme en el pecho creando en mí un extraño presentimiento que no consigo definir.
Y esta ignorancia me lleva a una sutil melancolía o tristeza.
No es nuevo esto en mi vida. Son episodios que aparecen de cuando en cuando.
Ya no confío en ti.
Me has decepcionado y puede que yo te haya decepcionado a ti.
Pero tú has clavado en mí una espina que, aún contra mi voluntad, se ha ido enconado día a día.
No me apetece oír ningún sonido, ni deseo ver nada. Solo callar.
Tampoco sé de la muerte, por tanto me es imposible desearla.
Nada importa. Casi nada quiero.
Solo quietud.
Que absurda esta desazón, inquietante sinsabor que me lame interiormente.
Sigilosa, me ha arrebatado la serenidad y se ha colado entre las grietas de mi quietud, ufana usurpadora del sosiego ajeno.
La noto aquí, conmigo, y mi ansiedad se desborda chorreando incomprensión.
Sin embargo le permito su presencia y dejo que hurgue en mis entrañas y me corroa, si acaso queda aún algo por corroer.
Mientras tanto, miro tras los cristales a las nubes de la tarde correr en bandadas.
("Pájaro azul de Montaña" - Nancu Azneer)
21.00 h.
Atardece y no me canso de escuchar el canto de los pájaros, que en mi entorno más cercano, se afanan en un piar frenético buscando (o guerreando), por el lugar donde asentar su descanso.
Al oírlos quisiera yo ser uno de ellos, ave de paso de las situaciones cotidiana que quieras que no te dejan a veces el alma dolorida.
Entonces, en las mañanas, podría remontar el vuelo hacia el infinito, con la única compañía del sol madrugador, y de mis pensamientos, que estoy segura serían de lo más aterciopelados.
Sí, sería todo un hechizo ser ave y viajar con el viento a donde me quisiera llevar.
Estaba ensimismada en mis pensamientos, en esta mañana aguamarina, cuando el cielo se abrió y la luz se filtró a través de un agujero por entre las oscuras nubes. Con una suave caricia bañó la costa pedregosa de resplandecientes rayos dorados.
Miré al mar. Lanzaba destellos azules y plata. A lo lejos las rocas brillaban negras, semejando alas de cuervos, y las lejanas colinas refulgían como esmeraldas encendidas.
Tanta belleza me llenó de perplejidad. Mis ojos parpadeaban deslumbrados y sobrecogidos ante tanta magestuosidad.
A hurtadillas veía los guiños brillantes que me lanzaba el agua.
Entonces su azul me trajo tu recuerdo.
Aún no amanecía cuando busqué impaciente el lejano horizonte que aún no se dibujaba.
Busqué y busqué y al final comenzó, borrosamente, a distinguirse una vaga forma en la brumosa distancia.
Una delgada nube se apoyaba tímidamente en la línea que marca el límite entre el cielo y el suelo.
La miré detenidamente, saboreándola, sin notar en ella ningún cambio significativo durante un tiempo.
Al final comenzó a mostrar una leve tonalidad de colores azulados sobre el verde de la yerba mojada.
Y tímidamente, entre su suavidad algodonosa, comenzaron a colarse los primeros rayos de sol.
Como verla y no verte a ti. Como sentir su dolor sin sentir el tuyo.
Ella, Tú, corazones heridos por la daga del arrebato, arma traidora portadora del vacío que deja el frío acero.
Tú, Ella, almas por siempre dolorosas portando en sus brazos el peso de la muerte.
Lágrimas silenciosas, sollozos apagados, soledad permanente.
Ella, La Piedad.
Tú, Mi Piedad.
Como verla pasar sin verte a ti. Como sentir su dolor sin sentir el tuyo.
("River Mist" - Peter Walst)
Fui cobarde.
Ante aquél primer error no puedo decir que mi actuación fuera precisamente digna de un aplauso. Todo lo contrario.
Y seguramente porque me cogió así, desprevenida y sin esperarlo, en lugar de abrir los ojos y perderme para siempre, hice lo que mi desesperada desazón me pidió: seguir adelante en lugar de retroceder y rectificar.
("Dama Sentada", pintura al pastel de Ignacio Zuloaga)
(Barcarola - Diana Baboa)
Hoy, 19 de Enero, es para mí un día extraño. Momentos incomprensibles me han envuelto dejando a mi “yo” en un inexplicable estado de confusión.
¿Será verdad?
Mi coeficiente no alcanza a descifrarlo.
Y no, no siento miedo, tan sólo un desesperado deseo de saber, de conocer, de comprender…
Despierto y despierta conmigo la verdadera razón de mi existencia, las respuestas al porqué, el cómo y el cuándo
de mis sentidos.
Entonces todo se vuelve luminoso y la nitidez se apodera de mi mente y todo cobra sensatez.
Soy lo que solo yo misma he llegado a ser, lo que he forjado, maleado y formado a golpes de retazos de sentires y de deseos.
Despierto y no despierto sola.
Conmigo despierto yo.
(Art Print "Lakenside Moonrise" - Don-Li Leger)

Y aunque jamás pueda yo sentir lo que ella siente en su más profundo interior, sé que su dolor no terminará nunca, ni su incomprensión ni su incertidumbre, ni su desesperación, porque ese desconocido lugar no tiene sendero de retorno.
Si tuviera el don de alterar el ritmo del reloj vital, si tuviera mandato para cambiar lo establecido, en estos momentos me cambiaría por ella, y no para sentir lo que ella siente, sino para darle la alegría de que su espera, como ahora ocurre con la mía llegó a su fin.
Sí, soy afortunada porque vuelve, no importa que sea o no para permanecer a mi lado. Me conformo con sentirlo cerca. Como ayer, como antes, como….

Ojos que me miran.
Pelo que acaricio.
Labios que me besan.
Corazón que he sentido.
Brazos que me abrazan,
Y despiertan mi cuerpo dormido.
Pasos que me pisan,
Y levantan mi ser herido.
Así te veo,
Así te siento,
Así te quiero,
Así te llevo en mi pensamiento.
Traía consigo el aroma dulzón de las palmiras blancas, y de los nardos nacarados.
Traía el verde aguamarina reluciendo en su mirada, y el negro azabache bailando entre los rizos de su pelo.
Quédate.
Y él se quedó, y el blanco de su aroma se mezcló con el verde de sus ojos, y el negro azabache de sus rizos cayó en cascada bordeando los contornos de mi corazón.
No te marches nunca.
("Flor Palmira" - Imagen tomada de Google)
Se alimenta del viento y del agua, de la salina de las olas y de la lejanía del horizonte.
Como el Albatro anhela anidar en isla remota.
Y como el Albatro, se lanza a dejar el nido para crear el suyo propio.
Yo quedo aquí, en el mío, consciente de que mi tarea casi ha concluído.
Sin embargo… me siento tan sola y tan triste…

He llegado a pensar que aunque no sea consciente de ello, tal vez espere de los demás algo más de lo que de ellos recibo. Seguramente por eso a veces me decepciono cuando la aptitud de otros no resulta la esperada por mí.
Que gran fallo por mi parte el llevar dentro este tipo de sentimientos cuando lo más bello es dar sin pedir nada a cambio.
(Acuarela "Flor" - Pintado por Carmen)
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Alonso)Algunos días, como hoy, en lo que percibo que todo lo hago mal, que nada bueno se desprende de mi persona, es cuando más a flor de piel tengo los sentimientos.
Hoy la vergüenza hacia mí misma está en su más alta cúspide. Y esa vergüenza es provocada por la percepción, tal vez el conocimiento, de que los demás se avergüenzan de mí.
Siempre me he sentido poca cosa, por no decir “nada”. Nunca me he valorado, y si lo he hecho, ha sido pocas veces y escondida tras algo ficticio. Si en algún momento, como hoy, inconscientemente me revelo y trato de hacerme valer, con o sin motivo, la caída interior es tremenda. Una mezcla de arrepentimiento, vergüenza e impotencia por no haberme sabido controlar, o por ser incapaz de volver el tiempo atrás para borrar lo ocurrido, me llena de pies a cabeza.
Así estoy. Lloro y busco desesperadamente un agujero donde esconderme.
Sé que siempre he sido así. Y lo peor es que pienso que ya siempre será así.


Dos personas tan distintas….
Sin embargo nos hemos encontrado. Vivimos juntos aún siendo tan dispares.
Nos queremos y nuestras vidas han de acabar un día que posiblemente no sea el mismo, y por lo tanto no lo harán juntas.
Puede que sea la tuya la que se separe, o tal vez la mía.
Pero mientras tanto nos amamos, nos comprendemos, intentamos ser felices...
¡Que cosas más extrañas en dos personas tan distintas!








Mi carrera frenética contra reloj hace que no sea totalmente consciente de la realidad que me rodea.
Mi vida está prácticamente basada en la rutina diaria, casi no tengo tiempo de pensar en otras cosas que me bullen en la cabeza. Tan sólo cuando me cobijo en la penumbra de mi dormitorio, cuando reposo mi cabeza en la suavidad de la almohada llegan a mí, como oleadas, las imágenes largamente reprimidas durante el día.
Te recuerdo a ti, hombre de agua clara y cristalina, que me dio lo mejor y más importante que un hombre puede dar a una mujer.
Te recuerdo a ti, hombre, y llegan hasta mi corazón punzadas de nostalgia cuando soy consciente de que ya no estás a mi lado físicamente.
Y digo físicamente porqué tu áurea sigue estando dentro de mi, de mi alma, de mi vida….de mi todo.
Te recuerdo y recuerdo el día en que buscaba angustiada de que manera en podía decirte adiós, sabedora de la traición que estaba a punto de cometer.
Y la cometí.
No me bastó el dolor que despertabas en mi corazón al mirarme con esos ojos castigados por mi decisión.
Ni tampoco me bastó el prometerte que un día todo mi tiempo sería para ti, ni el asegurarte que una vez hubiera partido tú serias mi mejor recuerdo.
Nada de eso bastó para que desgarrara tus entrañas al decirte adiós.
Y tampoco bastó tu silenciosa súplica para que marchara.
Partí con mi egoísmo rumbo a una libertad imaginada. (¿Era necesario?)
Fui una loca que desconocía que mi locura era por ti.
Ahora, no sé si aún te amo, sólo sé que te llevo aquí dentro.
Que te regresé de un tiempo remoto con mi pobre equipaje.
¿Y tú? ¿Me recuerdas?
una linea que no sé escribir,
y un impulso diferente a todo..."





estas noches del mes de abril. Dejo la ventana entreabierta y por ella se cuela el olor de los jazminez, de las damas de noche, de las palmiras...



tamente después de recoger la cocina me meteré en la cama, entre frescas sábanas de hilo que al momento se vuelven cálidas para envolver mi cuerpo. Abriré el libro que en estos momentos me fascina y leeré hasta que venza el sueño.
e las pasiones y nostalgias escondidas en el tiempo.
iel, "El Maestro de las Marionetas".

Me siento hoy muy triste. Estoy cansada y apesadumbrada y de cierto que no sé el motivo, quiero decir que me ha ocurrido nada de especial, a no ser lo de la puntilla que me clavé en la espalda esta mañana y que me mantuvo durante varias horas hecha un cisco. Yo no tengo muchos conocimientos de medicina pero no me hace falta saber mucho para sospechar que debió de tocarme alguna terminación nerviosa porque tuve fuertes calambres en la espalda durante mucho tiempo. Tal vez eso me ha dejado apesadumbrada y cansada, de cualquier forma ya casi no tengo dolor.
Este año es el primer Domingo de Ramos que no salgo a ver las procesiones de Semana Santa. En verdad que no tengo ánimos, así que mi hermana se ha llevado a mi hija para verlas.
Mañana será otro día. O eso espero.











Van y vienen los sentimientos semejando las olas del mar.
Pasan igual que pasa el viento entre las hojas, colándose entre los huecos vacíos, entre las rendijas del alma.
A veces se quedan elevándonos a lo más alto. A veces se van sin tan siquiera dejarnos un adiós de despedida. Simplemente parte hacia otra dimensión.
Por eso le escribí una nota. Esos sentimientos en mí hace tiempo que descansan como las cenizas de una hoguera apagada.
No hay ya razón de continuar una lucha por hacerlos volver. Sería imposible que renacieran. No hay reencarnación.
Mejor dejar las cosas tal y como están.
