
Fui cobarde.
Ante aquél primer error no puedo decir que mi actuación fuera precisamente digna de un aplauso. Todo lo contrario.
Y seguramente porque me cogió así, desprevenida y sin esperarlo, en lugar de abrir los ojos y perderme para siempre, hice lo que mi desesperada desazón me pidió: seguir adelante en lugar de retroceder y rectificar.
("Dama Sentada", pintura al pastel de Ignacio Zuloaga)