Nunca fuí capaz de volar sola. Tal vez me faltó la suficiente valentía o tal vez, otros que conocían a la perfección mi debilidad, se dedicaron a dirigir mi vuelo.
Aún hoy, a pesar del tiempo pasado, necesito de unas alas que me guíen para volar.
Mis alas no abarcan a desplegarse dentro de la jaula en la que se hallan presas.